Wednesday, November 29, 2006

Gabinete Azul, segunda parte ( y las que vienen)


La primera impresión jamás se olvida; y no sólo me refiero al aire de ilegitimidad con el que llega Calderón a Los Pinos, derivado de los -por decir lo menos- errores durante el proceso electoral.

Sino que quien titubea al escoger su equipo de trabajo, seguramente fracasará en el propósito de llevar a buen puerto el destino de una nación.

Anexo otra participación de Raymundo Riva Palacio sobre el gabinete el pitufín felipín.

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Estrictamente personal
Raymundo Riva Palacio
29 de noviembre de 2006



Atrapado en el circo

El desorden en el que cayó la integración del gabinete de Felipe Calderón generó dudas y ratificó percepciones sobre su capacidad para gobernar

Felipe Calderón asume este viernes la Presidencia de México. Pero, a diferencia de todos sus predecesores, ¿asume el poder? Con un 65% del electorado en contra, golpeado por la oposición, minado por el presidente Vicente Fox que no dejó de hacer activismo político en detrimento del electo, con el PAN peleando cada palmo del gabinete y una cada vez más clara incompetencia profesional de su equipo íntimo, Calderón llegará en una situación de extraordinaria debilidad a Los Pinos. Tendrá el poder formal, pero no el real. El desorden con el cual está terminando de integrar su gabinete es apenas una pincelada de esto, como consecuencia de los grupos de interés reclamando pedazos del pastel y arrebatándoselos.

Con cinco días de retraso dio a conocer este martes un retazo de su gabinete de orden y seguridad. Se quedó en un cacho muy pequeño de orden, y con otro aún más chico de seguridad. Quien resume en su cargo las dos tareas es el titular de Gobernación, Francisco Ramírez Acuña, cuyo talante es precisamente lo contrario de lo que postula Calderón: salvaguardar el estado de derecho. No sólo Ramírez Acuña tiene varios expedientes abiertos y violaciones a los derechos humanos por la manera troglodita en como aplica la ley, sino que la ha manipulado, como durante las recientes elecciones para gobernador en su estado Jalisco, donde desempolvó una investigación ya aclarada en contra del candidato del PRI para que, con la sospecha de vínculos con el narcotráfico, el electorado se volteara en su contra. La gubernatura la retuvo el PAN.

Calderón impuso su voluntad por encima de la extrema derecha del PAN y, de manera más notoria, soslayando la enorme repulsa que el potencial nombramiento de Ramírez Acuña había levantado, causa por la que se habían aplazando los nombramientos, comenzando el inconcluso desorden, la rebatinga de puestos y las indecisiones del presidente electo. Uno que cayó y volvió a subir fue Germán Martínez, quien le había pedido la Función Pública a Calderón y, luego de que se la dio, se la quitó para dársela a una estrecha colaboradora, Beatriz Ruiz. Le ofreció Pemex pero, como ha sucedido con las dudas de Calderón en la conformación de su equipo, lo convenció de dejarlo en el puesto. Más dramática fue la designación en Relaciones Exteriores. Su primer candidato, Fernando Margáin, le dijo que no porque deseaba buscar la gubernatura de Nuevo León. Teresa García de Madero, la segunda opción, la declinó por razones familiares, al igual que Sandra Fuentes-Berain. Patricia Espinosa, la nueva secretaria, no estaba en el radar. Fue traída este fin de semana de urgencia de Viena, como una medida emergente porque la aspirante, la subsecretaria Lourdes Aranda, fue vetada por los panistas. Sin bastar las prisas por encontrar canciller, cuyo género se volvió obsesión, Calderón decidió lanzarla con una puñalada en el corazón, al anunciar en paralelo que su asesor en política exterior, Arturo Sarukhán, sería el responsable de llevar la relación más importante de México, la de Estados Unidos, creándole una especie de ministerio sin cartera.

No fueron nuevos los problemas para armar un equipo. El mismo dilema de integración se dio en los gabinetes social y económico. Luis Téllez, por ejemplo, estaba seguro que sería encargado de la Cancillería cuando Calderón llegó a su cita en la víspera del anuncio de la primera parte del gabinete, y se sorprendió cuando el ofrecimiento fue para ser el titular de Comunicaciones y Transportes. Javier Lozano, quien celebró su cumpleaños el domingo previo con Calderón y su esposa como invitados, no sabía si le ofrecerían algo interesante en el equipo de gobierno, cuando, como regalo, recibió la encomienda de Trabajo. A Lozano lo había vetado Televisa por su oposición a la Ley de Radio y Televisión y a Téllez, como al futuro titular de Hacienda, Agustín Carstens, los llevó a cargos donde hay conflictos de interés. Téllez era hasta recientemente consejero de Cablevisión y del Grupo México, y la esposa de Carstens tiene una beca de Citibank.

Hacia delante, las cosas no mejoran. A Eduardo Medina Mora le han coqueteado para la Procuraduría General de la República, pero hasta el lunes pasado no tenía noticias al respecto. Nuevos problemas enfrentaron con su candidato a la Secretaría de Marina, el almirante Raúl Santos Galván, al darse cuenta por la prensa y por una ineficiencia en la verificación de datos, que les resultó con una relación política con un connotado sicario del cártel de Sinaloa, asesinado hace algún tiempo. En Seguridad Pública, que habían abierto ante la posibilidad de que Ramírez Acuña terminara inviable en Gobernación, tampoco hay señales en ningún sentido. A Miguel Ángel Yunes, que la aspiraba, le ofrecieron el ISSSTE, con lo que trataron de recomponer una relación terriblemente maltrecha con la maestra Elba Esther Gordillo, a quien fueron relegando porque personas enormemente influyentes sobre las decisiones de Calderón repetían que el apoyo que tuvieron de los maestros en la campaña había sido ya pagado. Después de todo, era el argumento, ese respaldo había sido porque la maestra necesitaba a Calderón para sobrevivir políticamente.

Todo esto no significa, como en el caso de Martínez, que la integración del gabinete esté cocinada. Calderón no ha podido integrarlo ordenadamente y sólo a trompicones está terminando de hacerlo. Sin haber tomado posesión le estallaron los problemas en donde menos se esperaba. ¿Podrá gobernar? La pregunta se ha hecho en diferentes ocasiones, y por el circo en el que cayó la integración del gabinete, todo luce improvisado. En diversos lugares ya tienen dudas sobre si podrá gobernar. De hecho, el horizonte de su emproblemado arranque ya había sido dibujado por Calderón durante su reciente viaje a Washington. En varias reuniones le fueron preguntando cómo resolvería diversos problemas, a los cuales, uno por uno, respondió que no tenía ni el mandato ni el consenso político para atacarlos. Cuando esta respuesta se la dio a Paul Wolfowitz, presidente del Banco Mundial, cuando le inquirió sobre su programa social, el ex halcón del gobierno de George Bush, quien desde el cargo número dos en el Pentágono diseñó e impulsó la guerra en Irak, dejó de preocuparse por la pobreza. La gobernabilidad, comentaron dentro del BM, es la prioridad para México. Con los tumbos dados por Calderón en la última semana, en efecto, qué importa ya el gabinete. Es lo de menos. Lo de más es que todas estas incertidumbres generadas a partir de la falta de operación política dentro de su equipo y la batalla campal con su partido por posiciones, elevan las dudas sobre su capacidad de gobernar. Muy pocos desean que le vaya mal, pero muchos están viendo en Calderón a un hombre que doblan las circunstancias y pierde control en el timón de mando.

rriva@eluniversal.com.mx

Monday, November 27, 2006

Ahí vienen los pitufos. Gabinete Azul.

Reconocido columnista, hace una interesante lectura del gabinete social, del próximo presidente legal, pero no tan legítimo.

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Estrictamente personalRaymundo Riva Palacio
27 de noviembre de 2006


El gabinete azul

Las presiones del PAN llevaron al presidente electo Felipe Calderón a entregarle el gabinete social, definiendo el futuro del desarrollo humano nacional

El pago del presidente electo Felipe Calderón al PAN el jueves pasado es un desastre para la política social. En la forzada ecuación para acomodar en su gabinete cuotas de género, a las fuerzas más reaccionarias dentro de su partido y el reconocimiento a lealtades, uno de los principales reclamos nacionales, que le ganó 15 millones de votos y casi la Presidencia a Andrés Manuel López Obrador fue encapsulado, anticipando malos augurios para el próximo sexenio. Calderón, quien afirmó que rebasaría a López Obrador por la izquierda, fue arrollado por la derecha.

Los resultados electorales hicieron de la política social un problema estratégico que requería decisiones mayores. Calderón no brincó ese muro. El PAN le reclamó el martes pasado la ausencia de panistas en el gabinete económico, primer bloque que anunció, y les anticipó, para calmar los exaltados ánimos, que todo el gabinete social sería panista. Cumplió con el partido, pero le hace un mal favor a millones de mexicanos, olvidando que 70% del electorado votó en contra de él. Una parte de su gabinete social es marcadamente incompetente. Otro carece de credenciales para la tarea. En cuando menos un caso, hay un grave conflicto de interés.

La designación más controvertida en el arranque es la de Josefina Vázquez Mota en Educación. La ambiciosa economista saltó de la Secretaría de Desarrollo Social del gobierno foxista a la campaña de Calderón, haciendo cuentas alegres con Gobernación. Calderón le encargó la relación política institucional, pero fue un desastre. Su fracaso le provocó fricciones dentro del equipo de Calderón, quien hace ya tiempo le mandó decir que si deseaba Educación, sería suya. Cuando al final se decidió, la extrema derecha del PAN se opuso. Juan Carlos Romero Hicks, ex gobernador de Guanajuato, fue su carta y estuvo amarrado hasta que la líder del magisterio, Elba Esther Gordillo, lo vetó. Vázquez Mota mantuvo la posición, pero debilitada. Por un lado, las imposiciones: Romero Hicks está apuntado para la subsecretaría del ramo, y el yerno de la maestra, Fernando Martínez, o el ex candidato presidencial de los maestros, Roberto Campa, irá a otra.

Como señal, el sindicato de maestros fijó los términos iniciales de su relación. El senador y secretario general del sindicato, Rafael Ochoa, reaccionó al nombramiento llamándola, cuando menos, inexperta. En plena picada política fue rescatada por Calderón, quien la puso a pelear nuevamente en terrenos donde, lo probó este año, no está preparada para hacerlo. Su manejo mediático, en esta ocasión, no será suficiente.

Calderón decidió arropar a Vázquez Mota en el último mes, y en el gabinete social mandó un mensaje codificado al nombrar en Desarrollo Social a Beatriz Zavala. La senadora por Yucatán había sido fuertemente impulsada por Vázquez Mota, y su nombramiento se lo están adjudicando tanto ella como el coordinador de los senadores panistas Santiago Creel. En realidad, Zavala jugó siempre con Calderón, y desde antes de la toma de decisiones, en el equipo del presidente electo insistían en que quedaría en muy buena posición. Zavala será la tercera mujer panista consecutivamente en la Sedesol, donde su principal carta de presentación fue que impulsó la Ley de Desarrollo Social en la Cámara de Diputados, aunque el trabajo real lo hizo el equipo de Vázquez Mota. No hay mucho por qué sentirse tranquilos cuando afirma que hará una continuidad de lo hecho en el sexenio. Vázquez Mota avanzó tan débilmente en la erradicación de la pobreza, que tuvieron que maquillar las cifras de pobres en aumento y aplazar el anuncio del dato, para que no afectara en la elección presidencial.

Ana Teresa Aranda, la actual titular, ha modificado radicalmente la política asistencial, desplazando ONG con larga historia en la materia, y redireccionando los recursos a organismos de extrema derecha, muchos de ellos privados. Aranda se cayó del gabinete en las últimas semanas, pero su fuerte relación con Calderón la lleva caminando hacia la dirección del Seguro Social, con otro cercano, Juan Molinar, al ISSSTE.

El freno a la extrema derecha en Educación no eliminó la confrontación que tiene con Calderón. Las fuerzas más reaccionarias se van apuntalando con varios nombramientos. Tal es el caso de Alberto Cárdenas, quien aspiró a la candidatura presidencial del PAN. Cárdenas también fue secretario foxista, en Medio Ambiente, a donde llegó de la gubernatura de Jalisco. Mediocre su administración tapatía, fue constante en el manejo del medio ambiente: la política pública en ese campo fue clandestina. Cárdenas no llegó al gabinete de Calderón por méritos en campaña ni su bagaje profesional, sino porque representa una posición importante para la extrema derecha del partido vinculada a las cúpulas eclesiásticas en donde se encuentra el cardenal Juan Sandoval Íñiguez. Calderón quiere ponerle contrapesos con una ex secretaria del Medio Ambiente, la zedillista Julia Carabias, a quien le ofreció Conagua.

Pero está lejos de ser suficiente. Carabias sería una técnica en medio de pugnas ideológicas y políticas. Cárdenas pertenece a un grupo rival de Calderón, y era el caballo negro de los empresarios más conservadores que esperaban que Calderón y Santiago Creel se liquidaran recíprocamente en la contienda por la candidatura.

No sucedió así, y la secretaría es la compensación. Agricultura es una de las dependencias más importantes para control político por los altos presupuestos que maneja, y en los últimos años ha incentivado el desarrollo agrícola de los rancheros, mas no de los ejidatarios. Cárdenas mismo es un beneficiario: en Jalisco sembró miles de hectáreas de agave, que lo convirtieron en un exportador de tequila. Los conflictos de interés, sin embargo, no han sido un impedimento ético en el PAN, menos aún en la extrema derecha, que sigue tomando poder.

Otro miembro de ella es José Ángel Córdoba, amigo de Calderón desde que fueron compañeros de legislatura, a quien nombró secretario de Salud. Córdoba defiende las banderas más altas de la extrema derecha que producen polarización en la sociedad. Desde el Congreso se opuso ferozmente a la "píldora del día siguiente" argumentando diferencias científicas cuando en realidad su argumentación era religiosa, esbozando su cerrazón a las políticas públicas del mundo moderno.

Córdoba es un síntoma pernicioso de la extrema derechización del gabinete social en función de los nuevos dilemas que traerá la discusión de los temas de salud en áreas como clonación y medicina genómica. Al mismo tiempo, es el néctar de lo que fue la conformación del gabinete social. Es su amigo, es leal, es panista y pertenece a la extrema derecha. En nadie pudo encontrar todo sintetizado. ¿Y los casi 25 millones de mexicanos que votaron contra ese proyecto? Por ahora, con su gabinete azul, Calderón prefirió borrarlos.

rriva@eluniversal.com.mx