Monday, December 18, 2006

¿Qué tanto conoces México?

¿Qué tanto conoces de tu país? ¿Cuántas veces has estado en uno de los municipios verdaderamente pobres de México, en alguna de sus rancherías cuyos nombres ni siquiera en los mapas figuran? ¿Cuántos días has gastado menos que un salario mínimo (que no haya sido porque la noche anterior te sobrepasaste tanto que no te paraste en todo el día de tu cómoda cama)? ¿Cuándo se ha agravado alguna enfermedad que padeces por la imposibilidad de comprar alguna medicina o de llegar a una clínica?

Méxicos hay muchos, y nosotros vivimos en uno bastante cómodo. Fuera de la burbuja, la foto se ve bastante distinta, bastante más injusta.

Quizás por eso hay algunos que prefieren el populismo que es "un peligro para México", que la mano dura a la delincuencia que anda descalza y los tratos VIP a los que delinquen con cuello blanco y huyen en avión privado.

Anexo editorial de Ricardo Rocha, donde habla del síndrome Marlboro, eso que le pasa a la clase media y alta mexicana de creer que sólo lo que ellos y sus cercanos piensan es lo único que existe.
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Detrás de la Noticia
Ricardo Rocha
18 de diciembre de 2006
El Universal

El ´síndrome Marlboro´

Nunca falla. Puede usted ponerlo a prueba una y otra vez. Pregunte en alguna de estas reuniones familiares o de oficina a todos los comensales congregados a la mesa. La votación siempre será mayoritaria: ¿Cuáles creen que son los cigarros de mayor venta en México? ¡Ah, pues los Marlboro!
Y es que me atrevo a afirmar que ustedes que me leen o me escuchan son -en su gran mayoría- de clase media o alrededores. De tal suerte, nuestra percepción favorece a esta marca, aunque no ignoramos la existencia de otras más baratas en el mercado. Pero el síndrome Marlboro se acentúa notablemente en las clases media-alta y alta: los que cambian de coche mínimo cada dos modelos; que gozan de membresía en algún gym de catego; que se echan un viajecito -Las Vegas, mínimo- más o menos cada año; que cuentan por lo menos con un par de restaurantes donde los reconocen en la entrada; que -por supuesto- tienen una buena chamba en el gobierno, la IP o ya de perdis la banca o alguna casa de bolsa; los que se sienten privilegiados si El Divino o Cabal Peniche los saludan aunque sea de lejecitos; los que ya la hicieron si alguien del gobierno entrante les echa un lazo aunque sea a través de interpósita persona.
Bueno, en estos predestinados el síndrome Marlboro -ya de por sí enfermizo- se manifiesta crónicamente. Es muy simple: no más no pueden concebir que alguien pueda fumar otra cosa; en todo caso unos Camel o ya te vas para arriba con unos Virginia Slims para las chavas o unos Dunhill para los hombres.
Lo malo para unos y otros es que el mundo Marlboro no es como lo perciben. Si bien es el cigarro de mayor venta -tiene 27% del mercado en sus diversas modalidades-, no es de ninguna manera el único. Resulta que hay muchas otras marcas que dominan en otros segmentos de la población y que suman mayoría en siete de cada 10 mexicanos, es decir, 70% de la población que no vive en el Marlboro Country. Ahí les van algunas de las más populares: Baronet, Broadway, Dalton, Montana, Fiesta, Del Prado, Boots, Elegantes, Argentinos y los inigualables y mexicanísimos Delicados. La mayoría absolutamente desconocidas para los privilegiados.
Pero lo más grave es que ese 30% de suertudos no sólo no miran jamás sino difícilmente voltean a ver a esa contundente mayoría. Apenas conocen al resto del país: México visto desde las ventanillas de jets privados y aviones comerciales; la nación dirimida en salas de juntas, una pantalla de internet o en el mejor de los casos un antro de moda. Cuántos de los que padecen el síndrome Marlboro se han subido alguna vez al Metro. Cuántos saben en qué consiste una ONG. ¿Alguno habrá participado en una manifestación popular? ¿Hay quienes desde esas alturas socioeconómicas se hayan atrevido a conocer y caminar esos molestos cinturones de miseria que sólo se ven al despegar o aterrizar? O que se hayan detenido -aunque sea por curiosidad- una sola vez a conocer un pueblo o ranchería entre dos ciudades de las que sí valen la pena. Quién le ha visto el rostro a la miseria. No.
En definitiva el síndrome Marlboro ejemplifica la coexistencia de estos dos Méxicos paralelos pero distantes y distintos el uno del otro. Dos realidades brutalmente opuestas que se vieron las caras -y a veces también las fauces- en la elección presidencial de este 2006. Dos países diferentes. Casi dos planetas diversos. Que siguen sin escucharse a pesar de un lenguaje común.
Y es que va más allá de eso. Se trata de un desentendimiento profundo entre ambas concepciones del mundo y el país. De dos maneras de vivir la vida entre quienes tienen mucho y sus comparsas que ahí la llevan frente a quienes tienen muy poco, y aun teniendo cargan con la pesada cruz de un México profundamente injusto y frecuentemente violento. La nación, de tan confrontada en estos largos meses de odio y amenazas, se encuentra también dividida y rabiosa. Ojerosa y cansada. Exhausta y a punto del colapso. Menos mal que ya termina este año fatídico para la convivencia. Un lapso que habrá de quedar marcado por la injuria, la diatriba y la intolerancia.
Un año en que aquellos de los Faros, los Carmencitas, los Alas y los Tigres -que a veces rugen- estuvieron a punto de lograrlo.
P. D. Gracias Juan Ramón de la Fuente por defendernos a todos. Los dejo descansar. Espero reencontrarnos el lunes 8. ¡Felicidades!

Monday, December 11, 2006

Ley antimonopolios

Aunque muchos se han burlado del "gobierno legítimo" encabezado por López Obrador, ellos se lo están toman en serio y seguramente lograrán resultados de mucha utilidad para el país. Serán, sin duda, un contrapeso importante ante las élites abusivas que -desde elgobierno- sólo buscan preservar sus privilegios.

AMLO presentó una ley que busca regular con mayor rigor las prácticas monópolicas que llevan a cabo muchas empresas en el país, no sólo extranjeras, también muchas de las empresas mexicanas que más "orgullo" nos dan, como Telmex y Cemex. La idea central es que estas empresas obtienen márgenes de rentabilidad menores -ofreciendo precios menores- en otros mercados, mientras que en el país tiene márgenes desorbitantes originados por precios igualmente altos.

Anexo artículo de Xavier Ginebra publicado en El Universal. Sigamos al tanto.

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Análisis
Xavier Ginebra
11 de diciembre de 2006
El Universal

El proyecto de ley ataca de forma directa a las empresas nacionales y extranjeras que incurren en abusos de precios y propone dar vigencia al artículo 28 de la Constitución, que prohíbe las prácticas monopólicas y oligopólicas en todo el país
El "presidente legítimo" de México, Andrés Manuel López Obrador, presentó su primera iniciativa legislativa sobre precios competitivos con el propósito de acabar con los monopolios económicos y políticos vinculados al mercado de bienes y servicios; regular y corregir los excesos de precios y costos exagerados en cemento, telefonía, electricidad, crédito bancario y gasolina; pero, sobre todo, señala, busca mejorar los ingresos de las familias mexicanas al lograr ahorros en sus gastos de por lo menos 10%.
En su parte fundamental, la iniciativa de ley sobre precios competitivos plantea evitar abusos flagrantes de bancos y empresas nacionales o con participación extranjera; lograr costos de bienes y servicios acordes con la realidad internacional, y ayudar a que los mexicanos tengan mayor poder adquisitivo.
El proyecto de ley, que fue presentado el jueves de hace dos semanas a los senadores del Frente Amplio Progresista (FAP), integrado por los partidos de la Revolución Democrática (PRD), del Trabajo (PT) y Convergencia, ataca de forma directa a las empresas nacionales y extranjeras que incurren en abusos de precios y propone dar vigencia al artículo 28 de la Constitución, que prohíbe las prácticas monopólicas y oligopólicas en todo el país.
"En México este artículo es letra muerta porque hay grandes monopolios económicos vinculados al poder que encarecen bienes y servicios, lesionan la economía popular, la economía de las clases medias y de pequeños empresarios y comerciantes", puntualizó López Obrador al presentar la primera iniciativa del "gobierno legítimo" en conferencia de prensa, en la que estuvo acompañado por tres integrantes de su gabinete: los secretarios de Hacienda Pública, Mario di Costanzo, y de Relaciones Políticas, José Agustín Ortiz Pinchetti, además de su asesor en materia económica, Rogelio Ramírez de la O.
Altos costos por bienes similares
López Obrador destacó que los mexicanos pagamos más en los mercados de bienes y servicios que los pobladores de cualquier otro país. En todos los casos, precisó, son mucho mayores que los precios en Estados Unidos, a pesar de que el salario promedio en ese país es casi 10 veces mayor que los que se pagan en México.
En el documento se comparan los precios de productos en Estados Unidos y en México, con base en los salarios mínimos de 445 pesos diarios en Estados Unidos, y de 47.21 pesos diarios en México.
Las familias mexicanas, de acuerdo con la argumentación del proyecto de ley, pagan más del doble por el cemento que compran respecto de lo que eroga una familia de Estados Unidos; tres veces más por una línea de internet de banda ancha y por cada minuto en una llamada de teléfono celular; más del doble por electricidad y casi el triple por la tasa de interés de tarjetas de crédito, a pesar de que se trata de los mismos bancos en México y en el país vecino.
La argumentación de la iniciativa de ley presentada por López Obrador va más allá y señala con nombres y apellidos a las empresas que mantienen precios exagerados y grandes ganancias monopólicas:
América Móvil tiene en México un margen de utilidad de 50%, pero en sus ventas en Brasil apenas logra 25 puntos y en Argentina 9%; Cemex tiene ganancias en México de 40%, pero en Estados Unidos son de 31%; Banamex tiene ganancias de 33% en el país, cuando su matriz, Citigroup, obtiene 24% en EU, y Kimberly Clark gana 30%, cuando a escala mundial obtiene 20%.
El "presidente legítimo" afirmó que la economía nacional está agobiada por dos problemas: los monopolios y el cobro insuficiente de impuestos. Aseguró que los analistas de casas de bolsa conocen perfectamente ambos lados de la moneda: la carestía para la mayoría y el beneficio para unas cuantas empresas.
En tanto, Mario di Costanzo aclaró que la iniciativa no tiene como propósito el control de precios, sino que combate los efectos de los monopolios. "Tampoco es una ley que esté enfrentada con la Comisión Federal de Competencia, pues ésta ataca a los monopolios por sus orígenes, y la propuesta estaría atacando el efecto de los grupos que mediante su poder de preponderancia en el mercado llevan a cabo prácticas de tipo monopólico."
Precisó que tampoco se trata de una ley que pretenda otorgar subsidios. Uno de los principales propósitos, agregó Di Constanzo, es lograr que los mexicanos tengan mayor poder adquisitivo y pretende lograr más competencia.
Para el asesor del "gobierno legítimo" en materia económica, Rogelio Ramírez de la O, el principio rector del proyecto de ley es la exageración de precios a partir de un criterio de los mercados de influencias: los de Norteamérica y Centroamérica. Señaló que la nueva legislación traerá beneficios para la economía, porque habrá mayor capacidad para competir contra productores de otros países, existirá más empleo, el salario alcanzará para comprar más y la inflación bajará.
Una política pública que constantemente castiga a la mayoría de los habitantes, subrayó, debe corregirse sin mayor argumento, "más aún cuando el daño es a estos sectores de la población".
La iniciativa de ley sobre precios competitivos fue firmada por Andrés Manuel López Obrador a las 12:40 horas del miércoles hace dos semanas, y fue entregada a los senadores del FAP a las 10:30 del jueves hace dos semanas.

Sunday, December 10, 2006

No es de extrañar

Nadie debe extrañarse por las señales que Felipe Calderón está enviando en sus primeros días de presidente. Mano dura y no extendida para los rivales. La promesa de gobernar para todos los mexicanos ha quedado atrás, ya no necesita el discurso conciliatorio, ya no necesita votos, ahora sólo necesita gobernar para él y los suyos.

Pero qué más puedo decir yo, hay analistas con una visión mucho más aguda que la mía, anexo una editorial de Jorge Zepeda Patterson sobre el tema.


Un nuevo sheriff en el pueblo
Jorge Zepeda Patterson
10 de diciembre de 2006

F elipe Calderón no ha ahorrado esfuerzos para comunicar a la nación que ya existe Presidente. Su equipo ha preparado una andanada de medidas y decisiones para demostrar que frente a la parálisis que caracterizó al gobierno de Vicente Fox, el nuevo sheriff no perderá ocasión para ejercer su autoridad. En lo general, es una estrategia correcta hacer saber que hay alguien al mando, pero la manera en que lo está haciendo podría desencadenar peligros mayores.
El Presidente entrante se ha convencido de que México necesita un gobierno parecido al de Álvaro Uribe, exitoso mandatario colombiano, conocido por su mano dura y su austeridad. Un cruce tropicalizado de Ernesto Zedillo y Rudy Giuliani. Todo indica que su equipo apostará por este populismo conservador, a partir de la exigencia de seguridad y estabilidad por parte de las clases medias y altas, los medios de comunicación y los poderes económicos. La detención de Flavio Sosa, de la APPO, difundida en televisión como si fuese el líder de un cártel, y la aparente supresión del conflicto de Oaxaca, como si hubiese consistido en un simple capricho de revoltosos, son señales en ese sentido.
Habría que decir que el propio López Obrador ha dado la coartada perfecta para que el gobierno entrante aspire a "posicionarse" con esta estrategia. Los llamados a reventar las instituciones y provocar la ingobernabilidad por parte de los perredistas han propiciado que amplios sectores de la población comiencen a preferir la estabilidad que la democracia, la gobernabilidad que la justicia. A la opinión pública le queda claro que es un acto injusto detener a los líderes de la APPO y al mismo tiempo dejar impunes los delitos de Ulises Ruiz. Incluso los sectores conservadores exigían la aplicación del estado de derecho en la entidad, ante los "desmanes" de la APPO y los crímenes de los esbirros del gobernador. Pero la medida unilateral del gobierno contra uno solo de los polos en disputa no indigna a las buenas conciencias, a pesar del trato desigual, si a cambio de eso se restablece la tranquilidad social, aunque sea de manera aparente. El populismo conservador apela a la estabilidad y la seguridad por encima de los criterios de justicia social o democracia. Un sheriff de mano firme, aunque en ocasiones se le pase. A juicio de ellos es preferible un exceso de la autoridad que el caos de la inacción.
Por desgracia, este enfoque suele postergar los problemas, pero aumenta su gravedad. El autoritarismo de un padre de familia permite comer en santa paz en la mesa, pero no resuelve las frustraciones de una esposa o hijo en problemas. Reprimir movimientos sociales y encarcelar a sus líderes es la ruta más rápida para producir grupos subversivos y guerrilleros en las sierras y los cinturones urbanos. Los que suspiran por la firmeza de Díaz Ordaz ya olvidaron lo que desencadenó poco después.
Pese a la retórica a lo largo de estos meses y una primera gira al municipio más pobre del país, el gabinete y su presupuesto para 2007 pintan de cuerpo entero su estrategia. Es un gabinete de guerra, contrario a las promesas de "extender la mano" y gobernar junto con el otro 65% que no votó por él.
Calderón desaprovechó la oportunidad de nombrar a personajes importantes, equidistantes de la polarización, respetados por todas las fuerzas políticas. El secretario de Gobernación, Francisco Ramírez Acuña, no es un hombre de talante firme dispuesto a aplicar el estado de derecho. Se trata de una regresión; representa el arribo del autoritarismo arbitrario y caprichoso. Como gobernador en Jalisco su desempeño se caracterizó por un despliegue de "machismo político" (el gobernador por encima de las leyes). Su subsecretario de Gobierno y brazo derecho, Abraham González, afirmó el viernes que habrán de "limitar los movimientos sociales que pudieran afectar la paz social", como si el gobierno pudiese indicarle a la sociedad cuáles reivindicaciones son aceptables y cuáles no tienen derecho a expresarse. Primero la gobernabilidad, luego la democracia. No perciben que esta es la única garantía de gobernabilidad de largo plazo. Cerrar el paso a los grupos inconformes genera estabilidad momentánea, pero al no poder canalizarse democráticamente estas inconformidades se harán subterráneas hasta explotar en movimientos violentos de manera clandestina o como explosiones sociales súbitas y disruptivas.
La designación de Medina Mora en la PGR, panista conservador, representa una oportunidad perdida. México es el único país "democrático" donde la persecución de delitos se asigna a una rama del Ejecutivo. No hay posibilidad de confiar en la imparcialidad de toda intervención policiaca que roce lo político. En lugar de optar por un abogado universalmente respetado y darle un mínimo de autonomía y legitimidad a la procuración de justicia, Calderón hace de ésta una prerrogativa de su gobierno.
Por su parte, el presupuesto refleja la misma estrategia. Fuertes recortes a la educación, a la construcción de carreteras rurales, al combate al sida. El mayor aumento es para seguridad, pero se disminuyen las partidas a las policías estatales y municipales (en las que son mayoría los gobiernos de otros partidos). Es decir, pocos recursos a la pluralidad y al desarrollo social de largo aliento (justamente educación e infraestructura). Aumenta el gasto social en subsidios para el empleo provisional y en general para los síntomas de la pobreza, pero no para su resolución. En política, mano firme; en estrategia social, caridad cristiana. Es más fácil y de efecto inmediato regalar pan que ayudar a montar una panadería.
Calderón parece encantado con este populismo conservador que le exige firmeza y acciones rápidas. Un sheriff decidido a imponer el orden, aunque sea el orden que dictan aquellos que lo contrataron. El problema es que los mexicanos no necesitamos un sheriff, sino un jefe de Estado.